Al escuchar la firme convicción de Matteo, los rostros de Catalina y Veronica palidecieron aún más. Veronica miró a Matteo conteniendo el aliento, mientras Catalina se aferraba al brazo de su silla de ruedas hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
Ambas parecían buscar alguna forma de refutarlo, pero las pruebas que se habían presentado anteriormente hacían que cualquier excusa sonara cada vez más frágil.
Matteo no les dio tiempo para inventar una nueva mentira. Sacó su teléfono del bols