—¿Esposa? —exclamó Zayne, con la voz resonando por todo el pasillo.
Sus ojos se abrieron de par en par, como si acabara de escuchar la cosa más imposible del mundo.
—¿Qué clase de broma es esta?
Matteo ni siquiera volvió la cabeza.
Zayne siguió mirándolo durante unos segundos y, de pronto, estalló en una carcajada tan fuerte que terminó inclinándose mientras se sujetaba el estómago.
—¡Ja, ja, ja!... Espera... espera un momento.
Levantó una mano, intentando contener una risa que parecía no tener