—Papá... ya es suficiente. Te lo suplico.
Alessia ya no podía seguir bebiendo.
—No dejes de beber hasta que el contrato esté firmado —insistió Marco con tono amenazante.
Mientras permanecía inconsciente, Alessia seguía reviviendo una y otra vez aquellas escenas que hacían renacer todo su dolor.
Un sudor frío comenzó a cubrirle las sienes, mientras su respiración se volvía cada vez más agitada.
—¡Ah!
Alessia gritó.
Abrió los ojos de golpe, despertando de aquella pesadilla.
Un intenso olor a desi