Isabella ya no tenía espacio para seguir negándolo. La grabación en la enorme pantalla había destruido todas las excusas que había preparado, mientras decenas de ojos permanecían clavados en ella. Se mordió el labio y, de repente, cayó de rodillas frente a Alessia y sujetó las piernas de su hermana.
—Hermana Alessia, perdóname.
Alessia bajó la mirada hacia ella. Isabella comenzó a llorar con más fuerza, con los hombros temblando mientras sus manos se aferraban al borde del abrigo de Alessia.
—N