Al medio día Edwan salió a caminar por las calles de Quebec, sentía la necesidad de ir a ver ese lugar donde nació, creció, donde vivió los años más felices de su vida, pero también el más grande dolor.
De la casa de sus padres no quedaba nada, eran puras ruinas como una vez estuvo su corazón, siempre se imaginó que estuviera abandonado, pero nunca así, había sido tanto el dolor de Ágata que mando destruir su casa, y no tenía duda, la madre de Jane lo seguía odiando, no soportó la idea de estar