JORDÁN
“Eres un monstruo, Jordán. No mereces ser amado. Mataste a tu padre y a tu madre, ¿y ahora pretendes vivir en paz, eh? ¿Cómo es posible eso? No mereces felicidad. Tu vida estará llena de tristeza, y nunca dejarás de herir a los que amas.”
La voz me golpeó como una bofetada. Estaba de pie en un espacio oscuro, vacío, mirando hacia la nada. La voz no dejaba de resonar.
“No. No soy un monstruo, y nunca lastimaré a mis seres queridos. Deja de mentirme.” Reuní valor y le grité a aquella voz de