Julián
Alba no deja de golpearme el pecho en todo el camino escaleras arriba, sus gritos se vuelven más desesperados y maníacos a medida que ascendemos. El cosquilleo que me produce su contacto me distrae de la razón por la que estoy tan enfadado con ella. Pasamos junto a algunos de sus amigos que parecen querer intervenir hasta que ven mis ojos negros y oyen el gruñido que escapa de mi pecho. Una vez que nos alejemos de la locura de esta fiesta, sé que podré disfrutar de la sensación de tener