Orión
Puedo contar con los dedos de la mano las veces que he pasado miedo en mi vida.
Solo dos.
La primera vez fue cuando un mensajero llegó a casa e insistió en ver a mi abuelo. Algo horrible había sucedido, aunque yo era muy pequeño por aquel entonces. Sabía que era malo, algo tan grave que no podría recuperarme.
Y acerté al descubrir que se trataba de la muerte de mis padres.
La segunda vez fue más abstracta: la muerte de un niño al que guié, demasiado salvaje y arrogante para su propio bene