Elara
En el momento en que los ecos de la presencia de Freya se desvanecieron del pasillo, me permití respirar de nuevo. Mi cuerpo seguía tenso, cada músculo tenso por el recuerdo de lo cerca que había estado de percibir la verdad.
Las cadenas reposaban frías sobre mi piel, pero ahora sabía algo que ellas desconocían. Podrían debilitarse. Y ese conocimiento se asentó en mi pecho como una llama viva, ardiente pero poderosa.
Permanecí despierto mucho después de que la fortaleza se sumiera en un