Elara
Al abrirse las puertas ante mí, entré esperando oír algo, pero nadie anunció mi llegada.
Quizás no hacía falta, pues todas las cabezas en la sala se giraron hacia mí.
El Gran Salón, que antaño fue un lugar de orden, autoridad y equilibrio, se sentía… diferente.
Más frío, tal vez.
El aire también era denso, como si la sala misma presintiera lo que estaba a punto de suceder.
Enderezando los hombros, avancé con paso firme, sin apartar la vista de los miembros del Consejo.
Mis pasos se ralent