Orión
Después de ver morir a Drakel, Lysera insistió en que enterráramos sus cuerpos en una tumba poco profunda para que nadie la encontrara por casualidad y descubriera adónde íbamos.
Dio la instrucción con calma, sin rastro de emoción ni arrepentimiento, y en ese momento supe que tenía que estar alerta.
Porque no podía confiar en ella.
Pasamos unas dos horas cavando y enterrándolos, y entonces Lysera insistió en que siguiéramos, pero yo tenía una pregunta.
—¿Y la fusión? —pregunté, arqueando