Orión
Corrimos todo lo que pudimos, mirando constantemente por encima del hombro con miedo, hasta que encontramos el brote de una cueva. Desafortunadamente, no era gran cosa.
Era solo un espacio hueco excavado en la ladera de una colina escarpada, medio oculto por árboles retorcidos y blancos como el hueso y enredaderas colgantes que parecían haber muerto hace mucho tiempo, pero se negaban a caer.
El aire dentro olía a humedad y frío, con el tenue aroma metálico de sangre vieja que parecía adhe