Jeanie
Lo primero que oí fue un ruido.
Me sacó de mi letargo e incluso dormida, noté que no era el zumbido habitual de la manada al despertar, sino que era frenético, sobre todo con las voces distantes, agudas y urgentes que rompían el silencio.
Se oyeron portazos al final del pasillo. Unas botas pesadas retumbaron contra la piedra, rápidas y decididas.
Desperté de golpe, con el corazón en la garganta.
Por un momento, me quedé quieta, escuchando.
Se oyó otro grito, seguido del chirrido metálico