Nicole estaba en su oficina, con los codos apoyados sobre la mesa y el lápiz temblando entre los dedos. Las ojeras bajo sus ojos delataban una noche sin descanso, pero aun así, seguía dibujando.
Frente a ella, una taza de café humeaba suavemente. Bebió un sorbo. Emma se lo había preparado sin decir nada, como si supiera que Nicole necesitaba consuelo.
—Amiga, te ves terrible —Al final no evitó decirlo—. ¿Cómo Noah pudo decir esas cosas de Bruno?
Emma se sentó frente a ella para tratar de a