Nicole estaba en su oficina, con los codos apoyados sobre la mesa y el lápiz temblando entre los dedos. Las ojeras bajo sus ojos delataban una noche sin descanso, pero aun así, seguía dibujando.
Frente a ella, una taza de café humeaba suavemente. Bebió un sorbo. Emma se lo había preparado sin decir nada, como si supiera que Nicole necesitaba consuelo.
—Amiga, te ves terrible —Al final no evitó decirlo—. ¿Cómo Noah pudo decir esas cosas de Bruno?
Emma se sentó frente a ella para tratar de animarla con su presencia y apoyo. Le costaba creer que Noah le hubiera dicho semejantes locuras a su propia hermana, sabiendo lo enamorada que estaba.
—A veces no entiendo a Noah —resopló Nicole, sin dejar de dibujar—. Nacimos el mismo día, pero somos totalmente opuestos. Lo odio. Por su culpa me estoy sintiendo muy insegura en este momento y ahora no sé qué hacer al respecto…
Emma tomó sus manos sobre la mesa, mirándola fijo.
—Es completamente normal. Se trata de un hombre al que amas, y que