Al día siguiente, Helena se sentó a desayunar con su madre. Sarai estaba sirviendo el desayuno y notó que su hija se veía más tranquila que anoche.
—Entonces, ¿me vas a contar qué pasó con Nicolás y por qué te encerraste en tu habitación? —inquirió, alzando una ceja—. No te estoy presionando. Puedes contármelo cuando te sientas lista. Me preocupa que hayas llegado agitada y no quisieras hablar al respecto.
Helena removió los huevos revueltos de su plato y recordó lo que pasó con Nicolás. Tuvi