—¿Nana es qué? —pregunté, acercándome tanto a Clara que podía ver el leve temblor en su labio inferior.
¡Respóndeme, Clara!
Ella no dijo nada. Sus ojos estaban vacíos, planos, como si ya hubiera decidido cómo terminaría esto.
Las luces del restaurante proyectaban largas sombras sobre su rostro, haciéndola parecer mayor de lo que era.
El silencio se extendió entre nosotros durante un rato.
—Clara —dije, manteniendo la voz baja—, te conozco desde hace años. Sé cuándo mi