CAPÍTULO 58

El coche zumbaba silenciosamente por la carretera oscura, con los faros cortando la noche. Ryder estaba sentado a mi lado en el asiento trasero, con su mano cálida sobre mi muslo. Se giró hacia mí, con sus ojos oscuros suavizados por la tenue luz. Se acercó y me plantó un beso tierno en la sien, luego en la mejilla y después en la comisura de los labios.

—Amo todo de ti —susurró contra mi piel.

Sonreí y me pegué a él, deslizando mi mano por su pecho. —Tú tampoco estás nada mal, Alfa.<
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