CAPÍTULO 39

Sus últimas palabras me golpearon como una cuchilla en el pecho.

—La Luna… fue secuestrada.

Se desplomó sobre los escalones, con la sangre acumulándose a su alrededor. Por un segundo congelado, todo el mundo se quedó en silencio. Luego la rabia explotó dentro de mí, jodidamente caliente, cegadora e imparable.

Mis garras seguían fuera, goteando la sangre del guerrero. Los guerreros supervivientes temblaban de rodillas, con los ojos muy abiertos por el terror.

Me volví hacia los
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