Clara.
—Clara… ¿cómo te atreves? —gritó Ryder, con la voz temblando de rabia.
Una fuerte carcajada provino del otro lado de la línea. La mandíbula de Ryder se tensó peligrosamente, y cada músculo de su cuerpo se volvió rígido mientras apretaba el teléfono con más fuerza.
—Oh, cariño, deja de gritar —ronroneó Clara a través del altavoz, con una voz que destilaba diversión—. Podría darte un ataque de pánico.
Su tono sonaba calmado, casi juguetón, lo que de alguna manera lo