Mundo de ficçãoIniciar sessãoNo lo pensé dos veces. Mi cuerpo actuó por instinto, impulsado por una rabia cruda y ardiente que brotaba desde lo más profundo de mí.
Las manchas rojas en la mano de la sirvienta gritaban traición, como un letrero luminoso que señalaba directamente al enemigo que había colado esa amenaza de muerte en la habitación de Doris.Me lancé hacia adelante, agarrando su muñeca con una fuerza que probablemente era excesiva, pero en ese momento no me importaba. Mi lobo gruñía en mi cabeza, con






