Punto de vista de Javier
En cuanto entré en la habitación, había sangre por todas partes.
Mi lobo se lanzó hacia mi pecho, furioso e inquieto. La oscuridad no hacía nada por ralentizar mis sentidos. Podía oír cada latido, cada movimiento y cada respiración asustada. Sobre todo, podía oír la de Elena.
Su aroma llenaba la habitación como una chispa en hierba seca, y era el de miedo, determinación y algo más suave lo que siempre me apretaba el pecho. Un alivio me invadió tan rápido que casi me deb