El calor invadió los cuerpos tanto del Tigre como del Lobo. El beso que tanto anhelaba recibir durante años, así como el roce y las caricias, que le pusieron la piel de gallina por todo el cuerpo.
Pero…
— Diego… — susurró, entre los labios del hombre que la besaba.
— No huyas de mí, Olivia. — susurró el Tigre, abrazándola contra su cuerpo — No hay nada que te impida quedarte conmigo…
— No quiero que me vuelvan a lastimar. — dijo la niña mirando a los ojos de su compañero — Ya me has hecho demas