Alice
Enya me enseñó toda la casa.
Era un lugar grande, acogedor, con unas vistas impresionantes hacia el bosque y un jardín que parecía ser el sueño de cualquier florista, así como también contaba con un gran espacio en el que se podían estacionar muchos autos.
Me gustaba que tenía un concepto abierto en el que cualquier miembro de la manada podía ir a pedir lo que quisiese.
Era muy diferente a como se manejaban las cosas en la Manada del Sur.
Costó un poco tener gente cerca, pero Enya hizo to