Alice
Recuperarme fue relativamente fácil.
Enya se encargó de velar por mí de una forma que nadie había hecho después de la muerte de mi padre. De algún modo, me había ganado el cuidado de ella y me sentí bendecida por la Diosa por la oportunidad tan bonita de conocerla.
Y así, una semana entera pasó antes de que el médico y el curandero volvieran a revisarme.
—¿Tomaste el brebaje como te lo indiqué? —preguntó el curandero y fue Enya quien respondió por mí.
—Sí, lo hizo. Me encargué personalmen