014. Por favor, no diga nada
Nyxara no despertó por costumbre esa mañana, sino por el ruido.
No era un sonido aislado ni algo que pudiera confundirse con el movimiento normal del palacio. Había voces en los pasillos, pasos más apresurados de lo habitual y puertas que se abrían y cerraban con una frecuencia que no correspondía a la rutina. No eran gritos, pero sí lo suficientemente altos para atravesar las paredes.
Se incorporó despacio, todavía procesando lo que ocurría, y notó que no era la única. Ginette ya estaba sentad