Alexander escuchó golpes en la puerta mientras trabajaba en su oficina, y ordenó que pasaran.
–Señor Alexander, el señor Gregório está aquí–
Alexander sonrió. –Déjelo entrar.
El hombre de cabellos rubios platinados y ojos azul cristal entró por la puerta.
–¡Tío! Bienvenido.– Alexander lo saludó en ruso y se levantó para ir hacia él, y los dos se abrazaron.
–Qué bueno verte aquí, vamos a sentarnos.– ambos fueron a sentarse en los sofás.
–Solo vine a despedirme, ya estoy regresando a Rusia.– Info