Valentina dejó que más lágrimas cayeran mientras miraba a Alexander, intentando encontrar a aquel hombre del que se había enamorado, pero todo lo que veía era a un hombre frío y cruel cubierto por una capa de rencor y rabia. Era obvio que ya no había la menor posibilidad de que la escuchara, de que la entendiera, de que creyera en ella, y mucho menos de que volvieran.
–Entonces, dime de una vez cuál va a ser tu elección, no tengo todo el día–
Valentina miró a los otros tres en la sala, que le s