Kaladdarius
No me esperé que Azura fuera la que me buscase, sin embargo, no puedo quejarme en lo absoluto, de hecho, mi corazón estaba sufriendo por su aparente rechazo.
Ahora la tengo entre mis brazos y es ella quien ha dado el primer paso. Nuestros labios se funden en un beso apasionado, el sabor metálico de la sangre que brota de la herida que me ha hecho solo hace que mi excitación por ella aumente.
—¡Auch! —susurro con una sonrisa—, parece que te gusta lo rudo.
—No tienes idea, príncipe —a