57. Madre
El silencio que se formó al otro lado de la línea fue suficiente para que se diera cuenta de que ella no iba a caer tan fácilmente. No pudo terminar de dar clases ese día, sus nudillos estaban llenos de sangre y sus hombres se estaban moviendo; cielo, mar y tierra para dar con ella. Sin embargo, las puertas del inframundo estaban cerradas y nadie podía entrar ahí si no era con una invitación previa, él no se iba a arriesgar con eso de andar pidiendo permiso.
— No.
— ¿Confías más en otra persona