35- Lo dicho, Rayo, solo hay uno, y sabe cómo hace las cosas y por qué las hace. Por esa misma razón, no se perdió ni un solo segundo de lo que está sucediendo.
—¡Diego, mírame a los ojos! Kenneth enfureció más al ver que Diego no se defendió. En un momento de ira, soltó una de sus manos y le propinó un golpe en la mejilla. —No quiero escuchar eso, quiero a mi hermana con vida y que está bien.
—¡Kenneth! El joven estaba por explotar todo su enojo, y con el corazón hecho un nudo, Ricardo lo apar