La culpa es la que más pesa.
34— Alberto continuó golpeando el árbol, aunque, evidentemente, no lo hacía tan fuerte. Sus brazos y puños no son tan resistentes, a pesar de que es muy inteligente, su cuerpo es el de un niño.
—¡Deja eso, Alberto, tú ganas, hablaremos de hombre a hombre! Los nudillos de las manos de Douglas estaban cubiertos de sangre, pero eso no fue motivo para que sujetara el brazo de su hermano.
—Mírame a los ojos, soy tu hermano mayor, bueno, está Diego, pero soy mayor que tú, es mi deber cuidarte. No