HOLLY
Cuando bajamos del auto, el cielo ya estaba oscurecido. Caer en cuenta de que me encontraba todo este tiempo en una isla fue bastante impactante.
Pero fue más impactante aun ver aquel impresionante barco.
—Vamos, llegaremos a Atenas por la mañana—no me acostumbraba a la vista ridícula de Adam.
—Es que…—me removí deteniéndome.
—¿Qué pasa?
—Jamás he estado en un barco.
Adam sonrió con paciencia.
—¿Por qué no entran? —Dominic pasó por delante de nosotros con su maleta—, o qué ¿se arrepintier