HOLLY
—¿Dónde estamos? —pregunté ya inquieta.
Estaba alejándose cada vez más de la estación principal del zoológico.
—Te pondré a salvo—recién me daba cuenta de su fuerte acento marcado.
No le creas, me dijo mi cerebro.
—No… quiero ir con mis hijos—intenté removerme, pero el pie me dolió.
—Ellos estarán bien.
Algo me decía que no estaba bien, no se escuchaba ninguna ambulancia ni alguna patrulla.
—Este no es el lugar—protesté.
—Debemos salir de aquí.
Pasamos de largo el lugar donde estaba el