HOLLY
Cuando Adam y yo volvimos a entrar a la habitación, vimos como Cherise estaba completa y perdidamente enamorada de los niños que hablaban hasta por los codos, Eros, por otra parte, se mantenía despierto escuchando, ya tenía el peluche entre su cuello y la almohada.
—Bueno bebés, es hora de irnos.
—¿Ya? ¿tan pronto? —preguntó Cherise con un puchero triste.
—Sí, tenemos que ir a nuestras clases.
—Pero ¿Qué no la escuela ya terminó?
—Es mi clase de Taekwondo.
—Y yo tomo Kung fu.
—Int