Casi pude escuchar el cantico celestial cuando Adam abrió de punta pie la alcoba principal.
No perdía el toque de caoba, una enorme cama en el centro, amplios ventanales circulares, aquí no había plantas, pero toda la atención se centraba en la cama, que era simplemente magnifica, un grueso cubre cama negro con bordados dorados, almohadas gigantescas, a simple vista se veían demasiado suaves, los postes de la cama combinaban a la perfección con el suelo, una manta blanca colgaba lánguida en una