Pasaron algunas semanas, Rosalía seguía trabajando en la empresa, había muchos pendientes ahora que se estaban acostumbrando a la carga de pedidos, Pablo también hacía lo que le tocaba, pero en ocasiones desaparecía, Rosalía estaba furiosa. “Melina ¿Dónde está Pablo?”.
Melina trago grueso. “No lo sé señorita Rinaldi… él solo dijo que volvía por la tarde”.
Rosalía resopló y siguió revisando las costuras de las telas en las mesas de las trabajadoras, Estaba molesta, Abel le llamaba en ocasion