54. Sangre
— Yo...— sus manos comenzaron a temblar, su rostro palideció, las lágrimas cesaron, su respiración se agitó, el aire entraba con dificultad. Debía haber escuchado mal, debía haber oído mal, no podía ser cierto, esa no podía ser su respuesta.
— Si lo haces, tus hermanas desaparecerán, tendrán otra vida muy alejadas de todo... Serán libres.
— No ...— negó incrédula
—¿ La libertad de ellas o la vida de tu padre? Elije bien Regina...
— Eres un monstruo...— le gritó.
— Lo sé...
— No puede ser así, n