44. Gracias
Era algo estúpido llevar a la pequeña a aquella casa que todos conocían, que sobre todo, él conocía. Dejaron los autos a una distancia prudente, y caminaron hasta el jardín oscuro del lugar. Toda la casa estaba a oscuras, toda, excepto aquel cuarto en el ático.
Se dispersaron y cubrieron las salidas, ella no debía escapar de ninguna manera. Su sangre hervía al pensar que creyó que ella estaba en peligro cuando lo único que había pasado es que se había escapado de él, lo había dejado plantado en