24. Madurando

[...]

La puerta del cuarto se abrió mostrando a un Héctor trajeado y con el cabello desordenado. La pequeña no le dió importancia al estar en su limbo y así permaneció hasta sentir como sus muñecas se relajaban. Quiso alejarse pero Héctor la cogió en brazos llevándola al cuarto de baño. Ella peleaba pero en completo silencio, algo que no sirvió de nada porque él la llevó hasta la ducha, abrió el grifo de agua fría y tomó una esponja dispuesto a bañar a la pequeña.

— No...— dijo con los labios t
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