[Adriana]
El fin de semana transcurrió como un sueño borroso del que estaba desesperada por no despertar.
Alan cumplió su promesa. Nos encerramos en el penthouse durante tres días completos, aislándonos del ruido de Roma, de la prensa y de las obligaciones corporativas. Fueron setenta y dos horas de comida a domicilio, maratones de películas en el inmenso sofá del salón y una intimidad tan ardiente y devota que me dejó el cuerpo cubierto de marcas invisibles de su propiedad.
Él estaba exultante