Mundo ficciónIniciar sesiónAlessandro Finnerty, el exitoso y codiciado empresario que la mayoría de mujeres desean. Sus multinacionales han recorrido el mundo, logrando que sus ingresos lo hagan posicionarse como uno de los hombres con más dinero en el país. A su vez, es adicto al trabajo y es el típico jefe perfeccionista que no acepta errores. Su relación amorosa de años es bastante privada pero no secreta, razón por la cual todas mantienen su postura y respetan su noviazgo. Sin embargo, su amorío se ve afectada por especulaciones y rumores, que él no desmiente. Su empresa cede principal en Londres, manejada por sí mismo está siendo afectada por desfalcos o desviación de dinero sin su conocimiento; por ello, Abbygail Franchinni siendo su secretaria se convierte en su mano derecha, y se ve envuelta en acontecimientos que la obligan a engañarlo de la peor forma posible. Sin darse cuenta, si jefe se convierte en su angel y gran amor, pero ya es demasiado tarde, la traición es algo que Alessandro no perdina facilmente. Abbygail se ve involucrada en un robo, un robo por amor.
Leer más*Alessandro* El teléfono sonó a las 02:14 de la madrugada. Debía ser una mala noticia, nadie llama a esas horas para algo bueno. Me desperté de inmediato, el corazón acelerado antes de siquiera contestar — ¿Señor Alessandro Finnerty? — Hablan de manera formal y fría — Sí Hubo una pausa — Llamamos del centro penitenciario El aire me cambió, sentía una presión en el pacho.— ¿Qué pasó?Silencio breve. Como si eligiera las palabras — La interna Abbygail Franchinni Sufrió una emergencia médica grave hace aproximadamente treinta minutos. Actualmente se encuentra en el área clínicaEl mundo me dio vueltas por unos segundos — ¿Qué tipo de emergencia? — Me atreví a preguntar — No sabemos a ciencia cierta. Estaba inconsciente y no reaccionaba Inconsciente. La palabra explotó dentro de mí pecho — Voy para allá No pedí permiso, no pregunté si era permitido, simplemente colgué. En menos de 5 minutos estaba vestido y en diez conduciendo.No recuerdo los semáforos, no recuerdo el cami
Alessandro* Yo nunca dudo de los números.Los números no traicionan, las personas sí. Esa ha sido una de mis reglas desde siempre. Por eso esa noche, cuando Emily finalmente se quedó dormida, abrazando a su manta y respirando con fragilidad que me hacía tener incluso en silencio, regresé al estudio y abrí nuevamente el archivo que llevaba semanas evitando mirar con detalle. El desfalco Las transferenciaLas firmas digitalesLas fechas Todo apuntaba a Abbygail Todo y aun así... algo no encajaba. Reproduje la línea de tiempo en la pantalla. Movimiento bancario a las 22:47, acceso remoto desde la red privada de la casa principalFruncí el señor Esa noche...Esa noche yo recordaba perfectamente dónde estaba Abbygail Cerré mis ojos La memoria no me llegó como dato, llegó como imagen. Ella estaba en la cocina, desclaza, con harían en la mejilla porque había intentado hacer pan por primera vez. Había terminado riendo cuando la masa se pegó en sus manos — No nací para esto — ha
Abbygail seguía ahí, sin saber qué hacer El tribunal estaba lleno, pero el silencio pesaba como plomo, las luces blancas caían sobre el establo. Abby permanecía sentada, custodiada, fon el uniforme gris que me queda muy grande, más delgada, más pálida, con ojeras profundas por las noches seguidas en las que fue imposible dormir. Alessandro estaba al otro lado Traje oscuro, mandibula tensa y Emily, la pequeña niña estaba sentada a su lado, con un hermosos vestido azul y su cabello recogido en dos pequeñas trenzas. Él le sostenía su pequeña manos con firmeza, demasiada firmeza. No miraba a Abbygail No era capaz de sostener si mirada — Señor Juez — Comenzó el abogado — Mi cliente ha demostrado estabilidad económica, emocional y un entorno adecuado para la menor... Abby apenas escuchaba, su mirada estaba fija en su hija su niña La niña a la que llevaba meses sin poder abrazar — Dada la situación judicial de la señora Abbygail Franchinni y la ausencia de su ento
Kerrison *La primera bala atravesó la pared del dormitorio.La segunda me hizo entender que estábamos casi perdidos, venían a terminar lo que empezaron pero fue más rápido de lo que imaginé. Aurora estaba de espaldas a la ventana, recogiendo nuestras cosas cuando el vidrio estalló. La empujé al suelo justo cuando otra ráfaga cruzó la habitación. El polvo llenó el ambiente, el olor a pólvora se metió en la garganta. — No te levantes — Le dije Mi voz salió más firme de lo que sentía. Me arrastré hasta el pasillo, las balas no eran al azar, golpeaban puntos estratégicos. Sabían muy bien donde disparar para hacernos sentir acorralados. Disparé hasta la oscuridad exterior sin buscar precisión, necesitaba que retrocedieran, que dudaran, que eonsarav que no les sería tan sencillo. Respondieron con más violencia La madera crujía, el techo vibraba, uno de los disparos atravesó la puerta de la cocina y escuché un golpe seco detrás de mí Aurora. Me giré de golpe, estaba en el suelo, so
*Abbygail*Cuatro meses. Eso marcaba el calendario invisible que llevaba en la cabeza, contando los días que solo yo podía ver, cuatro meses desde que supe que estaba en embarazo, y dos desde la última vez que Alessandro había pronunciado mi nombre sin algún tipo de rencor Mi cuerpo había sido muy discrto y cómplice, el vientres apenas se mostraba si sabía como ocultarlo, usaba uniformes de talla más grande, camisetas sueltas, espalda recta, los brazos cruzados cuando alguien miraba de más; incluso el bebé parecía entender que este no era un lugar para hacerse notar. No se movía y cuando lo hacía era levemente, tampoco tenía mareos escandalosos, colo una presencia silenciosa y constante que me recordaba cada día por qué ni podía quebrarme En prisión el cuerpo habla antes que la boca y yo había aprendido a escuchar cada señal, cada cambio cada mirada de más; nadie me había preguntado nada todavía, nadie confirmaba sus posibles sospechosas, pero eso no significaba que no las tuviera
*Kerrison*Los muertos no sienten el fuerte o leve viento el la cara, eso es en lo primero que pensé cuando el amanecer me encontró despierto, sentado en el borde del corredor de la finca, con el arma cargada apoyada contra mi pierna y los ojos recorriendo el monte que me rodea, como si pudiera leerlo. Para el mundo yo estaba muerto, enterrado, cerrado en un ataúd con un nombre mal escrito en un expediente judicial. Pero los muertos no montaban guardia, los muertos descansan y yo llevo semanas sin poder dormir. Envíe a los escoltas y a sus padres a otro lugar, no quería seguirlos exponiendo en este lugar. No me parece justo que personas inocentes entren en una guerra que no les corresponde. La finca estaba demasiado silenciosa en esta mañana, no era un silencio normal de zonas montañosas, ese que viene con pájaros y hojas moviéndose, era otro, uno que se siente en la nuca, uno que te dice que estás siendo observado. —No me gusta — Murmuré Aurora apareció detrás de mí, envuelta en
Último capítulo