Kerrison.
El uniforme medico me quedaba un poco grande; pero por lo agotado que estoy, las ojeras pronunciadas y la barba de varios días ayudaban un poco.
La gente ve lo que espera ver, y muchas veces en estas circunstancias nadie mira dos veces a un médico.
Caminé por el pasillo con el portapapeles en la mano, el pulso firme aunque el corazón golpeaba fuerte.
Ya habían pasado cinco meses. Cinco meses desde que Abby de había sacrificado por todos nosotros. Cinco meses desde que la dejé atrá