LAS SOSPECHAS SE VUELVEN REALIDAD.
El doctor me exigió explicaciones. Primero se quejó enérgicamente recordándome que el Padre estaba de reposo absoluto y no podía alterarse. Traté de defenderme contando únicamente las partes creíbles, omitiendo lo del diario y el agua bendita que eché en su mano; sin embargo, la manera en la que irrumpí en el cuarto me dejó mal parada ante el médico. Esperé que verificara al sacerdote minuciosamente. Después dijo: —Al Padre Arístides le dio un ataque fulminante al corazón —luego de decir aquell