—Me mentiste —dijo Kara.
Vera no se inmutó.
Eso era lo exasperante. Noventa años, sentada en una silla de ruedas en una residencia de ancianos, con una manta sobre las piernas, y recibía la acusación como si nada. Como alguien que la hubiera estado esperando y hubiera decidido cómo afrontarla mucho antes de que llegara.
—Me quedé callada —dijo Vera—. Hay una diferencia.
—No lo hagas. —Kara dejó el documento sobre la mesa entre ellas. Las once transacciones. Las referencias cruzadas de Patrick.