—Vas a querer sentarte para esto —dijo Elena.
Kara no se sentó.
Se quedó de pie en medio de la pequeña cafetería que Elena había elegido, a dos cuadras del parque donde ella y Xavier habían estado hacía una hora, y observó a la mujer que había pasado veinte años escondida y que, de alguna manera, aún lograba parecer dueña de cualquier lugar al que entraba.
Elena se veía diferente a la noche en la esquina. Menos serena. No asustada exactamente. Pero con algo que pesaba. El tipo de peso que provi