Kara leyó el nombre dos veces.
Luego guardó el teléfono en el bolsillo y se quedó completamente inmóvil en la acera, dejando que la información se integrara con todo lo que ya sabía.
Encajaba.
Esa era la peor parte.
Encajaba a la perfección.
Cada interacción. Cada palabra cuidadosamente elegida. Cada momento en que aparecía justo en el momento preciso con la información precisa. Cada gesto de confianza que había interpretado como genuino porque se había presentado de forma tan consistente y esp