El aire nocturno le golpeó la cara en cuanto salió.
Limpio. Frío. Un aire indiferente a lo que acababa de ocurrir dentro del edificio, que no ofrecía consuelo ni juicio, y que era justo lo que necesitaba.
Se quedó de pie en la acera con el sobre de su madre apretado contra el pecho y respiró.
Solo respiró.
Detrás de ella, el edificio seguía activo. Voces. Movimiento. El sonido de la autoridad llegando y reorganizando las cosas. Podía oír a Xavier hablando con alguien, tranquilo y preciso, como