Abro la puerta de la habitación y veo que él camina directo al clóset, cosa que me sorprende lo sigo y veo a mi niña llorando en una esquina y eso me parte el alma.
— ¡príncipe! — princesa, ya estoy aquí, ¡nadie te llevará! Me siento en el piso y abrazo a la niña, ella se aferra a mi cuello y llora.
—no puedo creer que este hombre tan frío y arrogante esté sentado en el piso con mi hija en sus brazos, consolándola, es algo tan irreal y absurdo… Yo no pude evitar derramar un par de lágrimas, me