REINA DEL MAR. CAPÍTULO 31. Los límites de una reina
REINA DEL MAR. CAPÍTULO 31. Los límites de una reina
Llego al edificio de mi oficina a las nueve con doce minutos. Me bajo del auto y en cuanto piso la acera, algo me da mala espina. Hay un coche estacionado en la esquina de la calle y hoy... hoy mi instinto está disparado.
No es de los nuestros. No es de ninguno de mis trabajadores. Y parece que lleva ahí suficiente tiempo como para inquietar hasta a mi sombra.
Le hago una seña al jefe de mi nuevo equipo de seguridad sin siquiera mirar en aque