CAPÍTULO 93. Reuniones privadas
CAPÍTULO 93. Reuniones privadas
Viggo parece que apenas puede mantenerse en pie. Lo veo sentarse en el borde de la cama, con los hombros caídos y los ojos pesados de cansancio. Se frota la cara con ambas manos y suelta un suspiro largo.
—Tienes que dormir —le digo, acercándome.
—Estoy bien —murmura, pero apenas puede mantener los ojos abiertos.
Me inclino y le desabrocho la camisa con calma. Él me deja hacerlo sin protestar, demasiado agotado para oponer resistencia. Lo arrastro al baño y lo me